Zona Arqueológica

Tepoztlán es un Antiquísimo pueblo ubicado dentro del valle sagrado que proteje su guardián El Tepozteco, es un sitio lleno de magia y misticismo que encierra historias y leyendas en sus construcciones, sus calles, sus pobladores…

Se puede iniciar el recorrido por Tepoztlán con una caminata de una hora aproximadamente para subir al cerro de El Tepozteco, en el cual se encuentra la pirámide del mismo nombre, este asentamiento prehispánico fue construido por los tepoztecos de filiación xochimilca entre 1150 y 1350 d.C., en una pequeña meseta. El templo se erigió en honor de Ometochtli Tepoztécatl, dios del pulque relacionado con la fertilidad y las buenas cosechas, razón por la cual se convirtió en un concurrido santuario al que llegaban incluso peregrinos de Centroamérica.

La construcción consta de tres cuerpos, con una altura total de 20 mts, con una escalinata de acceso hacia el poniente. En la parte superior se distinguen tres puertas, pasando las cuales existía en el piso una oquedad para el fuego sagrado.

Siguen luego dos pilastras labradas que forman la entrada al recinto en donde se encontraba la divinidad. En el interior había empotradas unas lápidas labradas en tezontle que representan al rey Ahuizotl y a la fecha “10 tochtli (conejo)” que equivale al año 1502, fecha en que murió dicho rey. Sin embargo las mencionadas lápidas pudieron haberse empotrado mucho tiempo después de edificada la pirámide, quizá únicamente para conmemorar el triste suceso.

“la infinidad de sillares están tallados y se unen con tal perfección que revela un conocimiento vasto en el arte de construir. La obra fue ejecutada con tal precisión, que a pesar del inmenso peso no hay el menor indicio de movimiento al tomar asiento”.

Antiguamente presentaba claros restos de decoración polícroma, rojo, negro, azul y violeta, que desgraciadamente en la actualidad se han borrado. Por sus características arquitectónicas esta estructura debió haberse terminado en plena época tlahuica bajo la dominación mexica (1440 aprox.), si bien pudo haber existido algo anterior que se utilizó como base.

LEYENDA DE EL TEPOZTECO

Tepoztlán es un Antiquísimo pueblo ubicado dentro del valle sagrado que proteje su guardián Tepoztecatl. Es un sitio lleno de magia y misticismo que encierra historias y leyendas en sus construcciones, sus calles, sus pobladores…

En esta ocasión, les quiero relatar la leyenda de Tepoztécatl el Rey, el hombre, héroe inventor del pulque y guardián eterno del pueblo de Tepoztlán.

Su madre fue una princesa que vivía cerca del arroyo de Axitla, el que se ubica a los pies del cerro del Tepozteco, al inicio de la subida a la pirámide; le gustaba salir por las tardes y gozar del canto de las aves, del fresco verdor del bosque y del suave aroma de las flores del campo; la leyenda dice que fue un pajarillo que ella tomó entre sus brazos y abrazó a su pecho muy contenta, quien la enfermó de niño, dando a luz a una robusta criatura. Sus padres con un gran disgusto pues no creyeron semejante historia, recibieron al niño de mal grado y la obligaron a deshacerse de él, la doncella ocultó al niño en un hormiguero para que se lo comieran las hormigas, pero éstas lo alimentaron poniendo en su boca gotitas de miel. Fracasado este intento, lo puso entre hojas de un maguey, pero al día siguiente vió cómo de las pencas resbalaba sobre su boca un hilillo de aguamiel y las pencas lo cubrían para protejerlo del quemante sol. Por fín, dentro de una caja lo dejó junto al arroyo para que fuera arrastrado por la corriente, como sucedió. Corriente abajo, pero ya en el Rio atongo, lo encontró un matrimonio de ancianos, sin hijos, que lo recogió lo crió y lo adoptó como hijo. Tepoztécatl creció al lado de us padres adoptivos, les tuvo cariño y les obedeció como si fuera su hijo legítimo. El niño fue creciendo y aprendiendo el manejo de las armas necesarias para la cacería, pues tenía que alimentar a sus padres, quienes le fueron enseñando el curso de los astros, la utilización de las plantas medicinales, el labrar la tierra y cultivar el huerto; en fin, todo lo que ellos sabían.
En Xochicalco (ciudad fortaleza ubicada a unos 60 kilómetros de Tepoztlán), habitaba un monstruo llamado Xochicálcatl que demandaba de las poblaciones aledañas le enviaran una persona de edad avanzada para devorarlo, pues de lo contrario acabaría con todos los pueblos, quienes temerosos obedecían.

Cuando tocó el turno al padre adoptivo de Tepoztécatl para ir a Xochicalco y servir de alimento al monstruo, éste no lo permitió y convenció a sus padres de ir él en su lugar para enfrentarse al feroz habitnate de Xochicalco. Salío Tepoztécatl rumo a su destino ante el temor de sus padres y vecino quienes pensaban que no volverían a ver al joven valiente que tendría unos quince años de edad.

Durante el recorrido de Tepoztlán a Xochicalco fue recogiendo filosos pedazos de obsidiana y llenó con ellas su morral. Al llegar a Xochicalco fue devorado por el monstruo, pero Tepoztécatl logró liberarse perforando las entrañas de la bestia con pedernales que había recogido en el camino, el monstruo murió y de inmediato se elevó una gran nube de humo blanco, la señal que Tepoztécatl les había dicho a su pueblo sería la señal de su triunfo.

De regreso a su pueblo, la gente de Cuernavaca le festejó, pues había terminado con la amenaza de los pueblos de la región y de la terrrible tradición de envirle gente para que se alientara el monstruo, pero como iba con la ropa sucia no lo agasajaron dignamente, por lo que salió de la fiesta, se cambió de ropajes y cuando se presentó limpio le dieron una suculenta comida, que él derramó en su vestimenta, diciéndoles que cuando había ido pobremente vestido no lo agasajaron como cuando se presentó ricamente ataviado, por lo cual deducía que el festejo era para sus ropas, no para su persona. Al salir de Cuernavaca, se llevó el sonoro teponaxtle y corrió con él a Tepoztlán, evitando que lo alcanzaran al provocar con su orina una gran barranca que le permitió llegar hasta la cima del cerro y tocar el teponaxtle, los habitantes de Cuauhnáhuac trataron infructuosamente de recuperar el Teponaxtle pero nunca lo consiguieron. Por estas acciones gozó de gran consideración en su pueblo natal.

Cuando, en el año de 1536 llegó fray Domingo de la Anunciación, Tepoztécatl era el Rey en Tepoztlán, Fray Domingo logró tras infinidad de tratos y razonamientos convencerlo de adoptar la doctrina cristiana y lo bautizó el 8 de septiembre del 1538, dando así origen a la festividad que en ese día se realiza cada año, el famoso Reto al Tepozteco.

Cuenta la leyenda que la conversión de Tepoztécatl al catolicismo facilitó la conversión de toda la región, pues el héroe era tenido por deidad y su ejemplo sirvió para que todo el pueblo en masa se convirtiera. Los que no estuvieron conformes con esta situación, fueron los señores de Cuauhnáhuac, Yautepec, Huaxtepec y Tlayacapan, que se presentaron a reprocharle el haber abandonado a sus antiguos dioses, pues hasta el idolo que se encontraba en la pirámide (Ometochtli), había sido derribado por fray Domingo de la Anunciación.

Estando pues Tepoztécatl celebrando la Natividad de la Virgen, se presentaron los señores a reclamarle su actutid. Después de una discusión injuriosa de su parte, Tepoztécatl trató de convencerlos, pero aquellos se no dejaban convencer, no obstante la estimación que antes le habían tenido. Mandó entonces Tepoztécatl tocar el teponaxtle y los tepoztecos empezaron a bailar alrededor de los enojados vecinos, hasta atemorizarlos y aplacarlos. Después de mucho conversar, Tepoztécatl logró convencerlos y los señores de los cuatro sitios fueron bautizados también en el mismo sitio en que él había recibido el bautismo.

Fray Domingo entonces empezó a bautizar a todos los nativos, llegando a tener multitudes esperando a ser convertidos; en este sitio fue constuida la Cruz del Bautisterio, que podemos admirar ahora al incio de la subida a la pirámide, del lado izquierdo del camino.

Hoy en día, este acontecimiento es representado durante el 7 y 8 de septiembre con decenas de actores que participan con diálogos en náhuatl y traducidos al español, iniciando los festejos en la pirámide de El Tepozteco, donde se ofrece una ofrenda a la pirámide del Tepozteco y los participantes degustan tamales, atole, café pan y tortillas. y se pernocta, iluminando la pirámide con pequeñas fogatas de ocote, no importa que llueva, allá se queda la gente acompañando a Tepoztécatl, bajando al otro día por la tarde hasta la plaza principal, donde se hacen diálogos, bailes y representaciones y se toca el teponaxtle, recordando las hazañas de Tepoztécatl, nuesto héroe local.

Abierto de lunes a domingo de 9:30 a 18:00 hrs.
Domingos entrada libre.